ENACIMIENTO

SARGA DE LA SANTA CENA

Dentro de la iglesia de Santa María del Castillo, en Maderuelo, nada más entrar a la izquierda bajo el coro, se conserva una sarga que representa la Santa Cena. Dentro del arte sacro, las sargas son lienzos pintados con escenas religiosas, generalmente al óleo, que se utilizaban para cubrir los retablos durante la Semana Santa.

Esta sarga fue ejecutada por el famoso artista segoviano Gabriel de Sosa a finales del siglo XVI (entre 1593 y 1596, según la data de los pagos registrados en el libro de fábrica de la iglesia parroquial).

Este artista estuvo trabajando durante la segunda mitad del siglo XVI en nuestra zona, en diversos templos, donde realizó numerosas obras.

El tamaño de esta sarga es de 572 cm de largo por 330 cm de alto, donde aparece representada la Última Cena que celebró Jesús con sus discípulos, antes de su Pasión y Muerte, en la que instituyó el sacramento de la Eucaristía. Desde el punto de vista del color se define como una “grisalla con encarnaciones”. Con el término grisalla se designa la composición pintada exclusivamente con la gama del gris, variando desde el blanco hasta el negro, imitando el efecto del bajorrelieve; y para las encarnaciones emplea diversos tonos de rojo ilustrando las partes descubiertas del cuerpo de los comensales, las viandas de la mesa y algunos detalles de la decoración del cenáculo.

Se aprecia una escena de interior: alrededor de una mesa cubierta de viandas aparece Cristo acompañado de los apóstoles en actitudes convencionales; en la parte superior, de izquierda a derecha se puede leer en latín la siguiente inscripción:

DESIDERIO∙DESIDERAVI∙HOC∙PASCHA∙MANDVCARE∙VOBISCVM∙ANTE∙QVAN∙PATIAR” 

Lo que traducido al castellano sería: 

CUÁNTO HE DESEADO COMER ESTA PASCUA CON VOSOTROS ANTES DE PADECER” (Lucas 22, 15).

 El marco arquitectónico del edificio donde se celebra el sagrado ágape responde al estilo que se estaba practicando en aquella época de Renacimiento. Realizado con una perspectiva cónica simple central donde las líneas de perspectiva confluyen en los ojos del personaje principal, Jesucristo, de tal manera que se puede apreciar el curioso efecto visual de que la escena siempre está orientada hacia el espectador, aunque la posición de éste varíe de lugar, y si se mueve de un lado a otro frente a la obra la escena le “sigue”, produciendo este asombroso fenómeno, que nos da una idea de la maestría de este artista y de sus conocimientos sobre perspectiva, materia ampliamente estudiada durante el Renacimiento.

La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo constituyen el eje de la religión cristiana, por lo que se instituyó la costumbre de tapar las imágenes y retablos con paños de color morado y sargas decoradas con motivos referidos a este tiempo litúrgico, así los fieles centraban su atención en la celebración de la Semana Santa. Tan importante es la Pascua que, si la Semana Santa coincidía con la fiesta del santo titular del templo, éste debía quedar cubierto y no era celebrado. Esto es posible ya que el Domingo de Resurrección no cae en fecha fija.

Para cubrir los retablos se utilizaban grandes telas, llamadas cortinas de retablo por su gran tamaño, algunas de las cuales quedaban colgadas de unos sistemas de despliegue a base de rodillos accionados mediante poleas, o telas, que por ser originarias del ducado de Anjou, en Francia, se llamaban anjeos. Las cortinas de retablo, los anjeos y las sargas eran términos utilizados indistintamente para designar los paños con que se cubrían los retablos e imágenes durante la Semana Santa.

En Maderuelo, esta sarga fue concebida para velar el retablo mayor de la iglesia de Santa María del que sólo cubría su parte baja, colocando delante de ella un monumento sobre el que se situaba un sagrario de madera labrada sin pintar, que aún se conserva, al que se accedía por unas escaleras decoradas con una barandilla y custodiadas por sendas figuras que todos conocíamos como “los judíos”, aunque se tratara de soldados romanos. Este monumento posteriormente se vino colocando en la capilla del Cristo del Crucero durante la Semana Santa y la sarga estuvo colgada de la parte alta del arco triunfal durante muchos años.

Éste es el origen de las sargas, cortinas de retablo o anjeos, que adquirieron un gran desarrollo durante el siglo XVI. Sin embargo, esta costumbre tiene raíces muy antiguas ya que en Grecia y Roma se utilizaron cortinas para ocultar las estatuas de algunas divinidades en los intervalos entre los sacrificios. El cristianismo continuó la tradición del uso de estas cortinas y ya en el Concilio de Narbona se reguló su utilización.

Esta obra ha despertado la curiosidad de los expertos desde hace tiempo y ya fue mostrada en Segovia durante la Cuaresma de 1990 en la exposición cuyo título era “CRUCIS MYSTERIUM” (El Misterio de la Cruz).