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DESCRIPCIÓN DE LAS PINTURAS MURALES

La orientación de la ermita de la Veracruz de Maderuelo, es Este-Oeste.

La planta de la iglesia lo constituye la nave rectangular de unos cinco metros de longitud y el ábside con bóveda de cañón divide ambas partes una arcada de piedra. Una cornisa de piedra divide la bóveda de la estructura del ábside que posee una pequeña ventana central en el testero Este.

El muro que rodea el ábside  divide en tres niveles las pinturas, más un zócalo que se encuentra completamente perdido.

En el lado de la Epístola (pared derecha) se han perdido dos Apóstoles situados al centro, al abrirse una ventana posterior a las pinturas, y en la pared opuesta (pared Norte), a los seis discípulos que acompaña, en el extremo de Oriente, junto a San Pedro, una figuración amurallada por cuya puerta asoman tres cabezas (al menos, pues un desconchón rompe la integridad del motivo). Interpretadas bien como los 144.000 elegidos, los mártires a la espera de justicia o, como dijo Sureda “los cobardes, los incrédulos, los depravados, los homicidas, los fornicarios, los hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos” cuya entrada en la ciudad esta prohibida y deben contentarse con mirar desde fuera. Sin embargo, su ubicación, aledaña al pontífice de la Iglesia, quizás avale también un lugar para los justos o santos entre los ministros de Jesús.

Estos tres niveles se separaban entre sí, por cornisas dibujadas con planos geométricos.

En el nivel inmediatamente superior, se representa un singular tetramorfos en compañía excelsa. A mediodía y de la cabecera a los pies, Marcos ofrece su evangelio a un arcángel, a continuación, un querubín turiferario , Mateo y un Santo Obispo, que bien pudiera ser San Pedro.

Frente a ellos, Lucas mira hacia otro arcángel, un querubín central remarca la estricta simetría y concluye el friso con Juan, que en este caso, ofrece también su libro a una figura femenina, la Virgen María.

A diferencia del colegio apostólico, éste ámbito superior tiene lugar sobre un fondo irreal de bandas coloristas con lenguas y ondulaciones a modo de marco global.

El tetramorfos segoviano difiere del habitual según la visión de Ezequiel ( 1,14-16) y Daniel (7,1-7) que acompaña las diagonales compositivas de la Maiestas, y aquí forma un cortejo angelical representado por Gabriel y Miguel arcángeles y los querubines seráficos provistos de ojos heterotrópicos en alas y cuerpo, muy del gusto catalán, y de incensarios, que parecen surgir de sus manos abiertas hacia abajo. Esta versión antropozoomorfa (alados, de cuerpo humano y cabeza de animal) también es menos frecuente, aunque cuenta con una gran raigambre en la miniatura y ejemplos sobresalientes como en león o Toledo: Cristo de la Luz y San Román.

En los lunetos  se pueden observar las escenas de la Creación de Adán y Eva con la serpiente, y en el luneto del testero oriental, El Cordero del Apocalipsis dentro de un círculo y sobre una Cruz, sostenido por ángeles. A ambos lados, arrodillados en actitud de adoración y ofrenda, Abel y Melquisedec, los justos y las prefiguraciones de Cristo (Heb.11,4 y 7). Todo ello inmerso en el mismo paisaje antinatural que el cortejo angelical de su mismo nivel.

Bajo el cordero una pequeña ventana con la paloma del Espíritu Santo en su arco y jambas floreadas, divide dos escenas: a nuestra izquierda Magdalena lava los pies de Cristo con sus cabellos en una espléndida simplicidad en el dibujo, mientras un ángel subraya el gesto apareciendo en la esquina del marco arquitectónico que, de nuevo, nos devuelve la historicidad del episodio mediante la construcción de un espacio real. A la derecha, la Virgen sostiene en su regazo al Niño Dios, en la actualidad perdido, al que adora un solo Mago, símbolo de la postración de los Reyes de la tierra ante el fruto de María.

La bóveda del ábside o “bóveda del cielo”, está reservado para la Majestad Divina, representado normalmente por el Pantocrator  o Cristo-Juez con el libro y bendiciendo, sentado sobre su trono y rodeado por una mandorla que sostienen los cuatro evangelistas y rodeada de ondas que emblematizan el instante eterno de la teofanía definitiva. Completan la composición en la mayoría de los casos los querubines, arcángeles y serafines. Estos poseen varios pares de alas y de ojos que simbolizan la vigilancia de las obras de los hombres.

Pared dx nevel superior

Pared dx parte baja

Pared izq abajo

Pared izq arriba

Pantocrator del ábside

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